En mi segundo día en san Petersburgo además de hacer un rápido tour por la ciudad, en las que pude volver a ver lo mismo que había visto en la anterior ocasión, se destacó por la necesidad de comprarme algo de ropa, ante la ausencia ya prolongada de mi maleta, la cual no sabía si iba a recuperar. Así que una vez que la guía nos dejo una hora libre para comer, ver monumentos y volver al lugar de encuentro nos pusimos en marcha.

Entre el lugar de encuentro y las tiendas que nos había indicado había media hora para ir y volver, así que me quedaba media hora para comprar, comer y encima todo en ruso.


Llegamos a la avenida Alexander Nesvki y sólo veo tiendas de Gucci, Kenzo, peleterías y joyerías caras…vamos que ni un Zara a la vista, ya pienso en lo que me van a costar unas bragas de Gucci cuando llegamos a un centro comercial camuflado de palacio del s.XIX.

(Se encuentra justo destrás de los arbolitos)

Entro sin mucha esperanza pero hay se encontraba mi salvación: la tienda de importación alemana Hirsch que a finales de julio aún tenían rebajas y tallas medianas, la verdad es que por una vez creo que me resultó fácil encontrar mi talla porque allí precisamente lo que no quedaba eran tallas más grandes, eso si medidas a ojo porque el tallaje era ruso.

Menos mal que la naturaleza otorgó a mi hermano el don de los idiomas, y me pudo preguntar por tallas y colores en el idioma natal de la dependienta, que en la vida había visto cosaigual, cuatro españoles en su tienda buscando cual posesos ropa que la más joven se probaba en cinco segundos je, je

Después de una visita a la sección de lencería femenina y convertirme en la envidia de la mismísima Bridget Jones, aún me duele lo que pagué por unas Triump blancas y carentes de todo tipo de femineidad, salimos a toda pastilla de allí a encontrar algo que comer en un suspiro y volver al punto de encuentro..

Objetivo alcanzado en tiempo record, en menos de media hora compré:

Unas bragas poco atractivas

Un jersey verde militar

Una falda blanca con bordados marrones de flores, que me puse allí mismo porque hacia un frío de narices, y esta por lo menos tenía forro.

Una camiseta Burdeos con dibujo blanco macarra pero molón.

Y todo esto gracias a las rebajas que si no a precio normal me compraba la falda y gracias.

Llegamos al barco después de una tarde recorriendo el Hermitage agotadora y abarrotado de gente, mi maleta no había aparecido pero me quedaba la esperanza de que al salir de Rusia me esperara en el próximo puerto de destino: Tallin, Estonia.


Continuará....